Publicidad Patrocinadores Banner

¿Resurgirá el mito?

Alvaro gomez 01En los años setenta el fútbol sala se hace un hueco en nuestro país. Lo hace con competiciones aisladas, todavía sin contar con campos, reglamento o jugadores específicos para esta incipiente modalidad, pero su evolución fue exponencial. Segovia no quedó al margen del fenómeno y en nuestra provincia, con la década ya avanzada, un grupo de amigos prendados por el espectáculo que suponían los primeros torneos Maratonbol que organizaba el club Arquitectura, empezaron a admirar, imitar, amar y practicar este joven deporte todavía en pañales.

Ahí quedó semillada la idea que daría lugar al proyecto de equipo de élite más exitoso y elevado con el que ha contado Segovia, con cotas de fervor y adhesión popular tan sólo igualadas por el triunfo de Pedro Delgado en el Tour de Francia.

 

En sus comienzos de forma muy amateur, con tanto entusiasmo como dificultades, actuando bajo nombres como CNS, Horno San Millán o La Escuela, para después, avanzar, crecer, desarrollarse y asentarse en la élite con las propuestas más profesionalizadas y robustas bajo el patrocinio de Caja Segovia (incluyendo el corto, pero acaudalado período de patrocinio de Prodiecu) con los que la entidad fue consolidando el proyecto. Primero, sumando hitos, retos y experiencia en la cúspide del sala nacional; más adelante, dando un salto cualitativo de gran parábola hasta situarse como el bloque imperial y dominador del fútbol sala nacional del período de cambio de siglos. Años dorados, con una generación irrepetible que alcanzaba todos los títulos nacionales posibles, así como un entorchado europeo y un mundial de clubes.

Atrás quedaban años de múltiples sensaciones, volcadas a uno y otro lado de la balanza de las emociones de su masa social. De los ariscos comienzos, sin apoyos y auto gestionados, a la llegada de los primeros paraguayos o internacionales, la incursión en la División de Honor de otros clubes segovianos (Vogue o Cuéllar Cojalba), el anclaje de jugadores franquicia de incalculable valor (Luis Martín, Elías, Daniel…), así como las lecciones impartidas en la cancha por los mejores entrenadores de este deporte (Mayoral, Montero, Fuentes, Candelas, Venancio…) que dejaron todos ellos una huella indeleble en sus años de dirección técnica en el club blanquirrojo.

Todo iba forjando una trayectoria de dientes de sierra en su rendimiento, pero que nunca se alejó de la máxima categoría de nuestro sala profesional, con asistencia casi fidelizada entre los ocho primeros de la competición doméstica. Convertido en cuna de futbolistas talentosos que han poblado los mejores clubes país y la selección española, su buen hacer le hizo granjearse una fama de equipo capaz de hollar cumbres impensables para un plantel de equipo modesto siempre en franca inferioridad económica con el resto. Lograron la admiración de todo el país, doblegando a férreos adversarios y superando rondas ante coyunturas muy adversas que coronaron, andando el siglo XXI, con otras dos épocas hermosas en las que Miguel Rodrigo creó un modelo de proyecto que Jesús Velasco elevó a cotas inimaginables para una época en la que se llegó a exigir hasta el límite a rivales que multiplicaban por cinco y por diez sus presupuestos.

A los títulos alcanzados en su época gloriosa, el club sumó entonces otros méritos notables, aunque sin el premio del metal, al eclosionar una generación desenfadada, emergente y talentosa, que añadió al palmarés de la entidad una presencia en la final de Liga 2011 -empujando al poderoso Barça hasta el quinto partido- otras tres semifinales y meritorias actuaciones en Copas de España y Supercopas.

Siempre defendiendo una filosofía de grupo formador de jugadores, pulidor de talentos, dentro de un club pequeño, hermanado felizmente con una ciudad igualmente pequeña que ha venerado y se ha volcado, año tras años, con sus ídolos del parquet, autores de algunas de las páginas más emocionantes de este deporte en el ámbito nacional.

La brutal crisis económica que está azotando el país y la evaporación (pongan aquí el nombre que prefieran) de la entidad financiera que lo sustentaba, han obligado a reinventar a Caja Segovia para convertirlo en un nuevo proyecto: Segovia Futsal, del que le queda la segunda parte del nombre, una historia admirable y la inercia renovada del grupo humano que lo gestiona; pero poco más. En lo económico y deportivo, la plantilla izó las velas, desperdigada nuevamente en los mejores clubes del país y el actual proyecto subsiste en la División de Plata sin apenas alimentación económica, con la única fuerza de la tracción animosa e inexperta de un puñado de chavales con hambre de devolver a este club al lugar del que su antecesor no debió nunca apearse.

Como un guiño del pasado más voluptuoso, como un intento de reverdecer el lustre más dorado, a este proyecto que dirige Carlos Sánchez se han sumado en este mercado de invierno de 2013 Javier Orol y Alberto Riquer, dos de las piezas clave del equipo apoteósico que firmó el trienio dorado de la entidad desde 1998. Dos jugadores que sienten con la misma intensidad estos colores y esta ciudad y a los que les sobra experiencia, justo el pecado original de este nuevo Segovia Futsal, que tiene ante sí un desafío brutal, exigente y tremendamente atractivo: Devolver a la franquicia a una élite de la que nunca debió salir.

Álvaro Gómez